i. El jardín
De un jardín de 1.500 metros a una idea que no nos dejaba dormir
Antes que emprendedores, fuimos cuidadores. Al frente de nuestro hotel canino aprendimos lo que ninguna aplicación te puede enseñar: que cuidar de un animal no es un servicio, es una responsabilidad emocional.
Levantamos un recinto cerrado y seguro, con más de 1.500 m² de jardín donde los perros podían jugar en libertad. Pero lo que de verdad nos definía no eran los metros, sino el detalle: respetar los horarios y el tipo de comida de cada huésped, cuidar sus ciclos de sueño, mantener sus pequeñas costumbres diarias. Porque sabíamos que estar en un lugar poco familiar puede ser difícil para ellos, y nuestro trabajo era que esa estancia fuera lo más llevadera y feliz posible.
Ese cuidado tenía una recompensa que no aparece en ninguna proyección financiera: la confianza.
Fueron muy pocos los que no repitieron.







